Domingo

El Rincón de Noe

Acostumbrada a su soledad, pasaba las mañanas, olvidando el día anterior. Pensaba que la memoria lo único que hacía en su cabeza, era sobrecargarla de peso. El olvido era su más fiel compañero. Ninguna persona podría ocupar su lugar. Ese agrietado y oscuro hueco que tenía años atrás, fue cubierto por su gélida manta de atípica compañia.

Los fines de semana no solía salir demasiado. Alguna que otra salida al cine, alguna cena de uvas a brevas y una vez al mes, salía a ver escaparates de las tiendas que inundaban el centro de la ciudad. En ellos, solo veía una lánguida figura con cabellos color negro azabache, algo encanecidos y casi sin peinar.

Una tarde se atrevió a mirar más allá de ese gigante cristal que separaba dos mundos; el desconocido y el suyo propio.

Vio entonces al otro lado, maniquíes con ropajes coloridos, esbeltos, con la cabeza bien alta. Justamente en…

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